Mingu y yo

Ay, que se me coja bien esta vez, que no se escurra como el otro. Todavía tengo dolor de tripa, aquí en el lao. Mami, ¿esa que llora ahí fuera es mi hermana? Cuéntame quién soy, qué hago aquí dentro. Ana Belén llora por las noches como una fiera corrupia y Alfredo se pone los tapones, voy a acabar arrengá. ¿Seré también un pimpollo de canela, como ella? ¿Me llamarás chipula? ¿Llorar duele?

Aquí en Plasencia además no tengo a nadie, esto está en la chimpampa, y sólo podré irme a Melilla a dar a luz en el octavo mes. ¿Eso que suena es música? Y esa voz grave tan bonita, ¿quién es? Hasta ese momento el director del instituto no me da permiso, qué coraje. Es más tonto que pichote. Os he escuchado hablar de la música: la voz grave dice “Swing low, sweet Charriot”.. A Alfredo no le gusta que le critique porque cantan juntos en el coro, cómo se nota que él no tiene que parir. Y lo dice de una manera que me hace cosquillas y me alegra la barriga. Mami, dile que no pare. Yo quiero hacer eso, díselo a él. Díselo.

Tengo ya algunas náuseas y manías raras, como hartarme a leer novelas de extraterrestres; espero que el bebé no salga con cara de marciano, angelito. Mami, ¿qué es el relach? ¿y un long play? Nacerá en diciembre, esta vez el embarazo será frío, no como con Ana, que me asé los últimos meses, menudos sudores con aquella barriga, casi cojo el piojo verde. Me gusta cuando te acaricias la barriga y siento tus manos grandes, y más cuando le hablas al pico de la montaña y le llamas “papá”, y preparas chismitos y nos los comemos. Tendré que dejarlo todo enjaretao antes de irme a Melilla a que nazca, espero que las plantas no se queden manías. Le diré a Loli que se pase a regarlas; esta chica vale un potosí. Siento el repiqueteo rítmico de dos agujas, justo delante de mí, y el calor de la lana sobre tu barriga. No como mi compañera Adela, que es maja pero no puedes confiar en ella: le sale alguna chuminá campestre y me deja las plantas changás, seguro. Esa se apunta a un peine. Mami, ¿será así cuidar a alguien? ¿Haré mantas para ti? ¿Para mi hermana? El resto de gente que conozco aquí son una partida de mandangas, yo no sé que hago en este pueblo con lo bien que se está en mi tierra, jopé.

Mami ¿qué es una nave extraterrestre? ¿y Marte? ¿vivimos ahí?

Iván, en tres textos

I. Sí está escrito.

Tengo un alumno diagnosticado como asperger.

El otro día se le acabó la tinta del boli negro que utiliza para tomar apuntes, pero por lo visto continuó escribiendo igual.

Al acabar la clase me llamó y señaló una hoja en blanco:

– Profe, no sé lo que pone aquí.

-¿Dónde? ahí no hay nada escrito.

Me miró fijamente.

– Sí está escrito, pero no se ve.

Fui a buscar un bolígrafo, tenía que ser negro. Me senté a su lado.

– Vale, ¿te digo la última parte y la escribes otra vez?

– Antes tengo que borrar.

Se concentró y, con calma, borró el folio en blanco; yo miraba entretenida las virutas de goma que caían.

Entonces, empezó a escribir.

 

II- La visita.

El pájaro entra en la cantina del instituto y se posa frente a mí en la mesa reservada a profesores; pliega sus alas y, todavía inquieto, me mira fijamente. El resto calla por un momento, cesa el griterío adolescente y el chasquido de bolsas.

Yo le observo con curiosidad mientras termino mi café, intentando no hacer ruido para no espantarlo. Al rato nos sonreímos; él se sacude levemente, deja un bifrutas tropical vació en la mesa y echa a volar.

– Hasta luego, Iván.

– Hasta luego no, hasta el lunes. Sigue leyendo

Llorona

                                                                                  A Eva.

No sé si llamar fe a lo que tienes tú con las palabras.
Diría más bien que amas lo que no nos han dejado decir;
ese tesoro que ahora buscas
llorando de dicha a ojos llenos.
Tú, llorona, que me limpias la vida.

Haría un inventario con nuestros hallazgos:

Pensar juntas en crudo, sin frituras ni condimentos.
Imaginar precioso y hacer fuerza para que suceda
mientras lanzamos huesos de aceituna por la boca.

Poner tantas bombas en nuestras vidas
y contemplar juntas la detonación
fascinadas por el espectáculo.

Contarnos después los miles de fragmentos ocurridos
los colores y texturas, cada roce,
las heridas.

Manosear lo precario
hasta ablandar su nombre, dices.
Reír lo viejo
bailar los márgenes
acariciar lo inservible
acoger lo despreciado con tanto amor.

Y llueven tus ojos mientras nos convocas
al fuego de la letra, al doble salto.
A esa vida que, llorando, creas.

Marina

La extinción del contrato por voluntad del empresario. Causas del despido disciplinario. Marina toma apuntes en su libreta y me mira desde su asiento con los ojos muy abiertos. En la lista de clase su nombre es Jose, para sus compañeros del ciclo de Mantenimiento electrónico es Jose, Jose pone en su DNI. La impugnación del despido; contenido y forma del finiquito. Ayer vino a hablar conmigo y me dijo que va a comenzar la hormonación en diciembre, y en dos años la operación de reasignación de sexo. Si quiero ya puedo llamarla Marina. El despido objetivo: causas y consecuencias; los Expedientes de Regulación de Empleo. Todavía no lo sabe nadie en el instituto; mañana se lo dirá al tutor y lo hará público en clase, y quiere que le ayude con la explicación. Miro al grupo, calibro el efecto que tendrá la noticia sobre esos veinteañeros con mono azul. Claro que lo haré. Nudo en el estómago. El Servicio de Mediación, Arbitraje y Conciliación. Los Juzgados de lo social. A mí lo que me nace es disuadirla de la operación, decirle que no va a ser menos mujer por conservar sus genitales, que no hace falta, que…La resolución del conflicto colectivo. El Tribunal de Arbitraje Laboral. Creo que Marina nota mi preocupación y me sonríe desde el fondo de la clase. Respiro hondo, me relajo, me alegro de poder estar ahí, acompañando, la vida colándose por la puerta del aula. Suena el timbre.

El placer de des-nudarse

Lo intentó saboreando el café con leche caliente, la compota dulce y suave. Miró el juego de reflejos del sol sobre el lomo de la gata. Concentró la vista en la montaña, el verde intenso. Probó incluso con el canto de los pájaros, con la música…

Volvió a la cama con desánimo. De camino cogió un libro y leyó el relato Biografía de una mosca, de Millás.

Lo estaba acabando cuando el sol empezó a iluminar sus pies, que parecieron cobrar vida; sonrió. Se levantó y miró largamente su imagen en el espejo, el corazón bombeando. Dio tres vueltas por el pasillo, se estiró. Acarició a las gatas. Lloró larga y suavemente. Por fin, el nudo se había deshecho.