Tres Mujeres

Esta es una recopilación de historias cortas que he ido publicando en Fb con la intención de que las diferentes mujeres que me habitan dialogaran conmigo y entre sí. El proceso ha sido divertido y muy sanador, una manera de aceptar todo eso que soy y que no siempre sabe ponerse de acuerdo…

Aquí lo dejo, que no se pierda en las profundidades de la red.

S.

 

1- Hoy he quedado con La Mujer Que Se Eleva (en adelante, LMQSE).

Somos viejas conocidas y nos tenemos gran aprecio mutuo, aunque de vez en cuando tengamos nuestras diferencias. –LMQSE interviene para decir que las diferencias siempre son enriquecedoras, aunque vivamos siempre con un miedo al conflicto que es paralizante e infantil–.

Fuerzo una sonrisa y la tomo del brazo; nos vendrá bien una infusión. Nos dirigimos a mi bar preferido y ya desde la calle veo que está cerrado.

—Joder, qué mierda. Joder. –exclamo fastidiada.
—Sonia, no pasa nada, le damos demasiada importancia a los lugares cuando realmente podríamos estar bien en cualquier sitio…mira esa niña, qué feliz parece sentada en un simple escalón…

Suelto su brazo. Nos tomamos algo finalmente en otro bar, y al ir a pagar me doy cuenta de que he perdido el monedero con veinte euros dentro. Empiezo a dar vueltas por el bar, salgo a la calle, vuelvo a entrar, pregunto a un camarero…

LMQSE me mira impasible desde el taburete de la barra.

–Sonia, cálmate ya, son solo veinte euros
–Tía, no me jodas.–continúo buscando por todo el bar, cada vez más nerviosa–.
–El dinero es solo eso, dinero. A veces nos preocupamos de cosas que no merecen la pena, que nos despistan de lo verdaderamente importante…
–Eres insoportable…
–¿Ves? Ya te has enfadado. No vale la pena cargarla contra las personas que realmente te quieren. Solemos recurrir al insulto cuando ya no tenemos argument…¿qué haces? Quítame eso de la bockjjkxzkggj….!!

2- Hoy he quedado con La Mujer Bola (en adelante, LMB).

Venía cruzando la calle y ya le he notado cara de no.

En ese momento, he sido incapaz de adivinar el objeto de su negativa, pero la intuición nunca me falla y, efectivamente, a los diez minutos ya se había negado a una acción, dos propuestas y un plan, disparando “no puedo” y “no me apetece” así, a discreción.

En una de aquellas, ha tirado tan fuerte que un “NO”, con mayúsculas, ha caído encima de los boquerones, manchándonos de aceite a las dos.

He conseguido limpiarlo un poco y me lo he quedado como rehén, a ver si me lo cambiaba por un “quizás”, un “puede”, un “qué se yo”… pero ha sido inútil.

Y es que a LMB no se la engaña fácilmente.

3- Hoy he quedado con La Mujer Ardilla (en adelante, LMA)

Me intriga de ella su hocico inquieto, su mirada alerta. Me pregunto si LMA espera algo; no lo parece, pero ¿se puede estar siempre buscando y no esperar nada?

–A ver, Sonia, lo mío es la curiosidad. ¿A ti qué te hace levantarte por las mañanas?—LMA me lanza esta pregunta como haría con una bellota.
–No sé…el desayuno, imagino.
–Seguro que hay cosas que te alegran el día, que te dan vidilla…
–Mira, sí: ayer mismo me compré unas bragas con el chochero de toallita –respondo, sonriente.
–Tía, qué prosaica eres. Me refiero a las mariposas en el estómago…
–¿Mariposas? eso son putos cangrejos.
–Igual desayunas demasiado. –sentencia LMA.
–Puede.

LMA me deja de prestar atención por un momento. Se atusa el pelo, mira alrededor y sonríe a algo o alguien. Ahora soy yo la que le pregunta:

–Mujer Ardilla ¿la gente no te parece demasiado normal? Poco especial, interesante…no sé.
–Igual la que espera aquí algo eres tú –contesta LMA , antes de desaparecer entre los árboles.
–Uhm.

4- Hoy he quedado con La Mujer Que Se Eleva (en adelante, LMQSE).

Estando sentadas en una terraza, X ha pasado por delante de nosotras.

–Guau…es impresionante. ¿No te gusta? –le pregunto, siguiendo con la mirada ese culo hipnótico.
–Sonia, a mí me enamoran la generosidad, la esencia de las cosas, el brillo alegre, el agua que corre…
–Vale… ¿pedimos? –contesto resignada, centrándome en la carta.

La miro de reojo, hoy LMQSE parece un poco consternada; a su manera, claro.

–¿Estás bien…? –suelto la pregunta y me encojo como esperando un cubo de agua que no tarda en llegar.
–Estoy genial, no tengo nada de lo que quejarme y hacerlo sería un insulto a las personas que verdaderamente están sufriendo. De hecho, centrarnos en mí ya es, si no insultante, al menos molesto.
–Bueno, solo quería saber cómo iba tu relación con Y.
–El modelo relacional que impera es una construcción sociocultural patriarcal y capitalista basada en la propiedad, la exclusividad y la heteronorma, lo sabes bien. –contesta LMQSE, a dos metros ya del suelo.
–Okis ¿de pollo o de bacalao?

5- Hoy he quedado con La Mujer Bola (en adelante, LMB).

En esta ocasión ha venido más enfadada de lo normal: intenta hablar suavemente, pero se le caen las palabras al suelo, como piedras. Cuanto más tranquila quiere parecer, mayor es el derrumbe. Patapúm.

Yo intento mantener una escucha empática, ya sabéis, un acompañamiento respetuoso, pero se me escapan los consejos de entre los dedos y por mucho que me esfuerce en recogerlos, no doy abasto.

Y ahí andamos las dos, ella tirando pedruscos y yo cazando moscas. Qué desastre.

Respiro y logro controlar el ataque de buenintencionismo súbito que me ha entrado; a LMB parece que se le desprende la última roca de mala leche.

Entonces me aconseja que no la interrumpa. Yo me enfado.

6- Hoy he quedado con La Mujer Ardilla (en adelante, LMA).

Como siempre, anda fascinada con la sorpresa, con la magia del encuentro.

Hoy me cuenta dos noticias, al parecer relacionadas: la primera, que según los últimos estudios, las hojas de las plantas hablan entre sí, “¿no es maravilloso?”. La segunda es que tiene sesenta y tres match.

Yo valoro el hallazgo fitorelacional, pero se me atraganta una aceituna con esta última parte.

–Bufff…casting y ghosting. –suelto, entre toses.
–¿Has dicho algo, Sonia?
–Casting, icing y fucking ghosting, tía.
–Ah, te refieres al Tínder.
–Sí, Ardilla, en eso consiste: primero a ver si pasas la prueba, y luego si te he visto no me acuerdo, un puto descarte. –sigo devorando aceitunas, cada vez más indignada.
–Tía, no seas ceniza; hay gente muy maja ahí dentro. Además, en eso consiste el juego, ¿tú no haces lo mismo?
–Qué dices, yo tengo más estilo: estoy ahí para ampliar mi red, socializar con gente de más allá de mi entorno…es la gente la que va a saco, joder.
–Ajá. –LMA me escucha, con la poca paciencia de la que es capaz.

En ese momento suena en mi móvil el sonido característico del dichoso chat; LMA me mira divertida, sus ojos de roedora brillan.

7- Hoy he quedado con La Mujer Bola (en adelante, LMB).

Caminamos despacio, acompañadas por un nubarrón gris, espeso, que nace en su cabeza y nos envuelve a las dos. Ofrecemos un aspecto fantasmagórico; dos torreones góticos en una noche de tormenta.

Acabamos por fin sentándonos en una terraza, más allá de nuestras cabezas luce el sol.

LMB derriba con un suspiro las bravas de la mesa de al lado y empieza a hablar; yo imagino gotas sobre un tejado de uralita.

–Sonia, echo de menos San Francisco.
–Mujer Bola, tú no has estado nunca en San Francisco. –contesto, abriendo mucho los ojos.
–Ya, pues eso digo, que tengo nostalgia.
–Yo creo que la nostalgia se tiene por algo que sucedió en el pasado, ¿no?. –Intento como puedo sacarnos de la cañería a la que nos está llevando esta conversación.
– Añoro el tiempo en el que quise con todas mis fuerzas vivir allí. Ahora sé que no lo haré, y esa no-posibilidad es como una nube que me persigue.

Miro hacia arriba; los murciélagos nos rondan y se escuchan truenos cada vez más cerca.

8- Hoy he quedado con La Mujer Ardilla (en adelante, LMA)

Ella dice que nos comunicamos para formar parte de alguien, para sentirnos validadas, para pertenecer al espectro emocional de otra persona.

Bueno, eso lo digo yo después de haberlo leído en algún sitio; lo que LMA dice es que el chat del Tínder le da mucha vidilla.

Me confiesa también que volver a quedar con hombres después de un lustro le está dando fatiga, que ha entrado en shock hetero y que encima cuanto más feminista es, menos liga. De hecho, afirma que envidia las parejas de bollitos camisacuádricas y que está por volver al Wapa a la que cuente tres. O mejor aún, pasar del mundo y hacer ese máster ya de una vez; está irreconocible, LMA…

Si estuviera aquí La Mujer Que Se Eleva, le diría que a veces lo contrario del amor es la paz, así, sin despeinarse.

Yo prefiero callarme y hacerle a LMA una infusión.

9- La Mujer Que Se Eleva va al Centro de salud.

—A ver su ficha…MQSE, 45 años, nulípara, perimenopáusica, histerectomizada y présbita.
—Le rogaría no definiera mi identidad en base a etiquetas patologizantes.
—¿A qué se debe su visita?
—Doctora, sufro de intermitencia en los empeños. La constancia se me escurre a ratos y dejo todo lo que estoy haciendo para escuchar por ejemplo a Bonnie Tyler, no sé…a Rod Steward.
—¿Ah, no son la misma persona? Perdón, siga.
—Y el deseo, doctora: a veces no sobrevive a los cambios de temperatura y se derrite o se congela así, sin avisar, dejando en su lugar una leve gana, un vulgar anhelo, ya ve.
—¿Alguna molestia más?
—Me perturba también lo semántico, no estoy del todo bien léxicamente hablando. Me molesta en concreto el oxímoron y no sé qué tomar para aliviar mi calma inquieta, la inmensa nimiedad de mis aflicciones, su eterna brevedad.
—Ajá. ¡¡¡Juana Gutiérrez…!!!

10- Hoy he quedado con La Mujer Bola (en adelante, LMB)

Desde que nos hemos visto he sentido algo discordante, no sé, cierta incomodidad.

Al rato he comprendido el motivo: aunque parezca extraño, caminábamos en la misma dirección pero no en el mismo sentido; el suyo era estricto y el mío amplio.

—Mujer Bola, ¿te apetece tomar un café? —rompo el silencio con algo banal.
–A estas horas ya no debo tomar estimulantes.
–Bueno, me refiero a sentarnos en un bar.
–Los bares huelen a fritanga, prefiero una cafetería.

Y así.

Por fin, hemos hemos encontrado un lugar de consenso y, cuando ya pensaba que íbamos a disfrutar de una agradable velada, me he dado cuenta de que nuestros sentidos seguían descoordinados: el mío andaba figurado y el suyo literal.

–Mujer Bola, te veo muy bien.
–Hace un rato me has dicho que tu presbicia alcanza ya el nivel palo de selfie.
–Quiero decir que estás de lujo.
–Pues mira, no tengo un euro.

Qué castigo.

11- La Mujer Ardilla y La Mujer Que Se Eleva hablan de amor:

–Mujer Ardilla, ¿tú cómo te enamoras?
–Pues mira: me imagino que soy otra, viviendo en otro sitio, con otro cuerpo, empezando de nuevo. A los tres días de conocer a alguien que me gusta me veo probándome otra vida a ver si me sienta mejor que ésta.
–Bueno, tú todavía tienes veinte años…¿no? –exclama LMQSE con dulzura.
–No, querida. Y tú, Mujer Que Se Eleva, ¿cómo te enamoras?
–Entiendo que nos referimos a ese momento inicial de idealización en el que se despliegan las expectativas más elevadas y se siembra la semilla primera de la dependencia…
–Pues…sí.
–Cielo, a mi feminismo le sienta fatal, aunque a una Ardilla como tú le cueste imaginarlo. ¿Una de ensaladilla…?

12- La Mujer Bola y La Mujer Que Se Eleva toman una infusión.

A simple vista, podríamos decir que estas dos mujeres son similares, pero nada que ver: la primera tiene la expresión de quien está a punto de descubrir que todo es mentira; la segunda la de quien hace ya rato que lo ha descubierto y le da lo mismo.

–Mujer Que Se Eleva, ¿tú crees que nos parecemos? –LMB se decide a preguntar, después de cinco intentos de reformulación y cuatro arrepentimientos.
–Algo tendremos en común, cariño. Las dos somos mujeres cis euroblancas, bi/pansexuales, feministas y de izquierdas.
–A mí me desasosiegan las etiquetas identitarias, no sé…me asustan. Cuelgan de nuestras vidas como de las bragas del C&A: inútil y desproporcionadamente.
–¿Compras las bragas del C&A? Pardiez, no nos parecemos tanto.
–¿Ves? Todo lo que hago o digo es horrible. –LMB se encamina hacia un desagüe de manera inevitable.
–¡Mujer Bola! Podrías intentar hacer de ese lamentable estado de ánimo que te caracteriza algo creativo ¿no crees? Genera amor…mejor aún, vuélvete amor. Hazlo, y si te da miedo, hazlo con miedo…
–Mira, no me recites sobres de azúcar o me pongo a llorar aquí mismo, hostia ya.
–Es inconcebible una revolución que no desemboque en alegría, cielo.
–Venga va, Cortázar sí. Pesada.

13- Disertaciones de La Mujer Bola.

“Hazme casito…”

Nushu maúlla desde el suelo, con ese final afónico tan suyo. Mira hacia arriba, me clava los ojos fijamente y no desiste: “hazme casito”.

Y yo pienso si al final la vida no consistirá en eso, en pedirnos casito mutua e indiscriminadamente, en un gran maullido total.

Miau.

14- Hoy he quedado con La Mujer Bola (en adelante, LMB).

Me cuenta que se va de viaje sola por Europa, un mes y medio.

–Mujer Bola, tú ya vives sola, ¿no? –pregunto, sorprendida.
–Ya, Sonia, pero no es lo mismo; cuando viajas sola te encuentras a ti misma.
–¿Y si no te caes bien…? Yo es que me encuentro a mí misma todos los días por el pasillo y a veces ni me saludo.

Creo que a LMB no le ha hecho gracia. Me viene a la cabeza Lorry Moore: “Estar sola es como ir en bicicleta, no se olvida nunca, así que no te pases la vida entrenando.”
No se lo digo, LMB es muy sensible.

Le cuento, eso sí, que hace poco he tenido una revelación curiosa: cuando más tiempo paso sola es cuando más quiero ser otra, y algo falla ahí, ¿no? Como si yo no fuera ya algo, como si todo estuviera por hacer aún. Y eso tiene un punto excitante pero también es caldo de chat, que se lo pregunten si no a La Mujer Ardilla.

Mira, se lo voy a preguntar y os cuento.

15- Cómo ser La Mujer Que Se Eleva.

Algo que LMQSE no nos va a contar nunca es lo cansado que es ser LMQSE.

Reconocerlo sería poco elevado y claro, eso es algo que ella no puede permitirse.

Hoy, por ejemplo, diría “tocarse el coño” pero dice “procrastinar”. Diría “morirse del asco”, pero le sale “gestionar emociones”. Afirma incluso que “se vincula sexoafectivamente de manera intensa” cuando se encoña, fíjate.

Se eleva en el decir y en el hacer: ella “performa” y “deconstruye” y claro, se le enreda tanta erre y tanto remilgo entre los dientes que se traba con bastante frecuencia.

Tarda además el doble en expresar ideas aparentemente sencillas, porque retoma, reitera, subordina, de manera que la idea principal acaba huyendo espantada y luego toca hasta apartar el sofá para buscarla.

Normal que ande agotada, ya te digo.

16- La Mujer Bola y La Mujer Ardilla reflexionan sobre monogamia:

–Mujer Bola, si elijo a alguien ¿tendré que dejar de fascinarme con la gente? ¿tendré que desprenderme del juego de la seducción? El amor es infinito…
–¿Infinito? Ardilla, tú no sabes lo que es un bollodrama.
–Sí, he tenido dramas de todo tipo, también con hombres, pero ¿qué pasa con la ilusión de los comienzos…?
–Pura hormona. Dame mantita y llámame mainstream.
–Ya sé lo que pasa: a mí el amor no me cabe en una sola persona. –LMA se queda satisfecha con su propia contestación.
–Pues a mí hay personas que no me caben en una sola vida, qué quieres que te diga.
–Ay, Bolita…que te quiero.
–Uhm.

17- Hoy he quedado con La Mujer Bola (en adelante, LMB).

Ha entrado en el bar con el gesto torcido, plegada varias veces sobre sí misma. No se había ni sentado cuando su bolso ha caído al suelo desde la silla y, al intentar recogerlo, se ha clavado la esquina de la mesa, que ha vibrado lo suficiente como para derramar mi infusión, quemándome las piernas.

Se ha levantado para ayudarme, aturullada, pero su silla ha caído hacia atrás, dándole a una lámpara de pie que ha oscilado durante unos segundos para acabar finalmente golpeando a una señora que tomaba un café en la barra.

LMB, cada vez más aterrada, se ha dirigido hacia allí para devolver la lámpara a su sitio y disculparse con su víctima, pero en el camino ha tropezado con el camarero y varias pintas de cerveza han caído sobre tres jóvenes emprendedores que se hallaban en pleno proceso de sinergia.

–Mujer Bola, ¡para ya!, ¿qué te pasa? –la observo; es la imagen viva del desasosiego.
–Sonia, ¿qué significa un corazón azul?
– ….
–¿Y la sonrisa con dientes…? ¿Eso es bueno…?

18- La Mujer Que Se Eleva y La Mujer Bola se llevan un susto.

–Tía, te lo juro, la gente es un asco. –exclama LMB, mirando hacia el suelo.

LMQSE mira a LMB de reojo con expresión de fastidio; ciertamente, es la única persona que consigue transformar su capacidad para elevarse en enfado. Respira hondo y contraataca:

–Querida, deja ya de regodearte en la emoción negativa.
–Cómo se nota que tú no has sufrido nada, joder. –LMB ya no mira el suelo, se arrastra por él.
–Esa clase de lugares comunes refuerzan tu identidad y la patetizan hasta la náusea. ¿No te parece que…

LMQSE no ha terminado la pregunta cuando siente que sus pies dejan de tocar suelo y se alzan varios centímetros, medio metro…LMB alcanza a agarrarla de los tobillos pero la fuerza elevadora es tal que no puede más que seguirla en su vuelo.

–¡Mujer Bola, no temas, fluye! –Con un movimiento de cadera esquivan las Torres de Quart; más difícil lo tienen con las antenas de las azoteas cercanas.
–¡¡Cállate, hostia ya!! ¡Nos vamos a matar! ¡Mierda, mierda, mierda! –LMB se coge con fuerza a esas piernas que no dejan de ganar altura.
–¡Hay que permitir que suceda lo inesperado…solo así se descubre el milagro de la vida…!

LMB cierra los ojos y, como diría LMQSE, asume su destino. El viento de poniente las arrastra hacia la playa, donde quedan encalladas finalmente en la escultura al actor Antonio Ferrandis, que adquiere de esta forma un aspecto aún más espantoso, si es que esto es posible.

19- Metamorfosis de La Mujer Bola.

La mujer es una bola para la mujer (“mulier mulieris bolus”).

Caminaba cabizbaja LMB con este pensamiento en los párpados y sin sentir bajo sus pasos suelo ni consuelo; qué cosa, la vida.

De repente, algo como azahar le rozó la nariz y comenzó a sentir ligereza en las piernas. Olisqueó el aire, cruzó miradas.

Una cola esponjosa le creció y empezó a bambolear de lado a lado, vibrante.

Sintió unas ganas enormes de trepar a un árbol; lo hizo, le confesó amores, algunos inventados, y algo parece que le prometió al tronco antes de irse.
Rió con su sombra peluda, pudo descubrir cosquillas inexploradas, les puso nombre.

Al rato cayó exhausta; un enorme “no” se le metió entre ceja y ceja y, ya delante de sus ojos, le indicó el camino a casa.

Sonrió entonces levemente y, tras sacudirse los últimos pelos de ardilla y un guiño atascado en el ojo, exclamó: “buff…qué fatiga”.

20- Semblanza de La Mujer Ardilla.

LMA es hija de un abrazo y una carcajada; yo destacaría de ella su hocico húmedo y sus patitas trepadoras.

Vive en una casa de pinocha y nunca ha dejado de oler la hierba mojada a pesar de haber perdido el olfato.

Quizá podemos preguntar a La Mujer Bola qué opinión tiene de ella:

–Bufff…es una cansina del carajo.

A La Mujer Que Se Eleva no le preguntamos, pero contesta igual:

–LMA gestiona sus expectativas con evidente autoengaño e insiste en hacer burda exhibición de un desnudo emocional que…

Ella les tapa la boca con el rabo, riendo; desde ayer sabe que el resentimiento no es más que volver a sentir, así que se sacude y busca algo que se deje comenzar, un alambre del que pueda caer una y otra vez en bucle feliz e inconsciente.

Yo diría que es el sol lo que asoma por sus ojos.

21- Diario de La Mujer Bola.

3 de febrero:
La Mujer Ardilla me ha regalado este cuaderno; dice que me vendrá bien escribir, pero yo es ponerme y me da bajona, qué quieres que te diga.

Mira, voy a decirle que no quiero diarios y ya de paso que no puedo ir al viaje de semana santa, que tengo que ponerle la funda al edredón y no me da tiempo.

6 de marzo:
Hoy he intentado decir “resiliencia ” y me he atragantado. Ha tenido que venir mi vecino a hacerme la maniobra de Heimlich, qué angustia. Iba a decir “qué desasosiego”, pero igual la vuelvo a liar.

31 de marzo.
Hoy me he despertado con la barriga hinchada. He salido a caminar y he expulsado dos enfados de fecha 4-11-2017, un reproche aguachináo y un trozo de autoestima atravesada.

Yo no sé qué carajo escribe LMA en su diario, la verdad…qué cansinismo.

22- Inspiración de La Mujer Ardilla.

–Mujer Bola, he escrito un poema, ¡te lo leo!:

“Voy a darte los besos más largos esta noche
acariciar, por ejemplo, el reverso de tu labio superior
con la punta de mi lengua
el tiempo necesario, los siglos que se precisen
y poder así observar la vuelta a la vida de tus ojos al abrirse
renacidos, brillantes.

Descubrir que el beso es también poema,
arte efímero, presente que se escribe en el aire
tiempo detenido en un labio inmóvil…”

–¡Para ya, carajo! –grita LMB, a punto de hiperventilar.
–Ay, ¿no te gusta?
–No me tortures con tus romanticadas; solo el Satisfyer Pro2 se merece un poema y lo sabes.
–Joder, Bolita.

23- En ocasiones, La Mujer Ardilla también flaquea.

–Migajas…¡ics! ¡Putas migajas! –LMA sostiene una copa de vino en la mano y se acerca oscilante a la mesa donde se encuentra La Mujer Que Se Eleva.

–Ardilla, te hallo cariacontecida…qué extraño en ti. –exclama LMQSE, no sabe si con sincera preocupación o con repelús estético.

–Cariño ¿has visto qué desperdicio de cuerpo…? Esto no se merece jodidas migajas…¡ics! –masculla LMA, atusándose el pelo, cabeza abajo. Al volver a su posición se marea levemente y se apoya en LMQSE.

–Mujer Ardilla, tú eres adalid de frescura, puro acontecer, ejemplo de resiliencia…

–Ay calla, que me da mearrina.

–Agradece cada caricia, la suerte del encuentro, sin pedir nada a cambio. Respíralo y fluye con cada conexión…–LMQSE habla como deslizándose entre las palabras.

–Jodidas conexiones mágico-gaseosas…ay mira, sí: un tinto de verano.

LMA se acerca a la barra dando traspiés. Allí se encuentra con una sonrisa y unos ojos brillantes que no conoce; siente vibrar al instante su cola peluda, su hocico curioso…

LMQSE paga las consumiciones, le da un beso en la mejilla y sale del bar; no tengo claro si resopla o sonríe.

24- La Mujer Bola, por fin, se expresa.

Hoy toca reunión a tres; la luz del sol se filtra por los árboles del parque. Como de costumbre, es La Mujer Que Se Eleva quien comienza a hablar:

–Mujer Bola, tienes un claro problema con tu competencia comunicativa. Has de saber que lo no expresado se torna oscura ponzoña.

–Y donde no humea, escarchea…jiji –opina La Mujer Ardilla desde una rama.

–Ardilla, esto es muy serio. Esa subjetividad calcárea de la amiga bola es foco de innumerables dolencias –insiste LMQSE.

LMB mira a sus interlocutoras con cansancio, se saca un consejo del ojo y, sin aparente causa, empieza a sentir un calor inmenso en el diafragma.

A continuación y para espanto de las allí presentes, empieza a expulsar bolas por la boca a diestro y siniestro.

–¿Que me exprese…? ¡Toma expresión! Pum! Mira, una emoción…¡ahí va! Asertividad pura…¡pumba!

Un grupo de turistas en bici se detiene a hacer fotos, divertido.

LMA da saltos desde el árbol y se parte de risa; LMQSE observa la escena a dos metros del suelo: “no se te puede decir nada, querida”.

–¡¡Pum!!

25-La Mujer Que Se Eleva lleva a La Mujer Ardilla a psicoterapia.

–Doctora, creo que la primavera está alterando a mi amiga de una manera irracional y, a pesar de mi natural desconfianza hacia las terapias cognitivo-conductuales, quisiera conocer su diagnóstico. –LMQSE intenta ser breve, a pesar de su naturaleza excesiva– Mujer Ardilla, explica el delirio que te aqueja.

–Jiji, pues mire, desde que cocino las verduras al dente, creo que escribo mejor.

–Concrete un poco más: ¿se refiere a que utiliza con más presteza, qué sé yo, la aliteración? –pregunta la terapeuta, sin mirar a ninguna de las dos mujeres que tiene delante.

–Sí, surgen suaves de las sombras las sabias palabras, como suspiros…–contesta LMA, orgullosa de su demostración.

–Ajá. –la psicóloga toma nota en el ordenador.

–Además, cuanto más avanzo con los relatos, siento que mi registro vocal se amplía, alcanzando incluso el si sobreagudo. Escuche…

–No es necesario, gracias. –se apresura a contestar la terapeuta, mirando por primera vez a LMA–¿más síntomas?

–Pues sí, desde que mis orgasmos son de más calidad creo que llego con puntualidad a las citas.

–Perdone que interrumpa, doctora…¿no es preocupante?…qué absurda esta existencia ardillil…–exclama LMQSE, comenzando a desesperarse.

–Continúe, Ardilla; y usted,si no va a ser capaz de permanecer en silencio, mejor salga de la sala.

–Vale, sigo contándole –exclama LMA, cada vez más excitada– Por otro lado, las clases de baile provocan que el paté de setas me quede sabroso como nunca…Ah! Y creo que arreglar los armarios me hace ser más asertiva; me expreso con total sinceridad.

–¿Podría mostrar un ejemplo?

–Pues mire, sí: esta sesión me parece un truño; un mojón, vaya, jeje ¿nos vamos?

–Por favor, hagan algo…–LMQSE coge sus cosas y abandona la sala detrás de LMA, que avanza hacia la puerta dando saltitos.

26- Determinación de La Mujer Bola.

La Vila, 17h de algún día.

Reconozco de lejos a LMB; sube una cuesta con varios bultos entre los brazos, pesada pero decididamente. El mar queda a su espalda.

Corro a su encuentro y al acercarme observo ese gesto característico de niña en patio de colegio hostil, de adolescente despertando de una siesta ladrillo.

–Mujer Bola, ¿dónde vas tan cargada? –le pregunto.

–Al contenedor.

–Pero eso son tus cuadernos…

–Sí, ¿qué pasa?.

Intento frenarla, pero ella introduce con fuerza las libretas en la boca del contenedor azul, que se las traga con gusto y hasta diría que se relame. Yo tengo ganas de llorar.

–Buf, ya está. Puto asco de papeles –LMB se sacude el polvo de las manos.

–¡Son tus textos de toda la vida!

–Mimimimi…tostones lastimeros y sin sentido. ¿Y si me muero y los encuentran? ¿Eh? —pregunta, iniciando la bajada del camino.

–Pero a ti te gusta escribir…–la sigo cuesta abajo.

–A mí me gusta el queso, los gatos, las camisetas de rayas…escribir es otra cosa.

–¿Y por qué no haces un taller? No sé…

–Quita, en esos sitios la gente habla mucho y se me estomaga.

–Haz ficción, crea personajes, vive otras vidas…

–Ay Sonia, qué plasta…además ¿qué pasa si esas vidas molan más que la mía? Qué putada, ¿no?

LMB se mete las manos en los bolsillos y desaparece por el camino, ligera.

Yo, toda preguntas, envidio por primera vez sus certezas.

27- Un paseo en barca.

Hay conceptos que La Mujer Bola no alcanza a comprender; uno de ellos es el de fluir.

Nadie mejor que La Mujer Ardilla para instruirla sobre esa escurridiza sensación, así que acepta el reto de dar juntas un paseo en barca.

No han transcurrido ni diez minutos cuando empiezan los lamentos:

–¿Y esto es fluir, Ardilla? ¿Esta desazón que siento? Me cago en todo.

–Mujer Bola, no seas ceniza y vive el momento. Observa qué azul, qué infinitud más flipante…–LMA observa el horizonte moviendo el hocico.

–Mira Ardilla, miénteme si quieres, pero di que estamos yendo hacia algún lugar y que llegaremos a una hora aproximada, hostia ya.

–Relájate y respira hondo, jiji. –ríe LMA, moviendo la cola.

–¿Y los límites? ¿No existen? ¡Los márgenes, joder! Algo…–LMB entra en barrena, se pone verde.

–Fluir es esto, Bolita; como diría LMQSE, navegar la incertidumbre. Así que keep calm and enjoy.

Una ola golpea la barca bruscamente, haciéndolas oscilar por un momento.

–¡Uuuuhhhh!! ¡Cómo mola! –LMA da saltos por la cubierta.

–¿Esto no tiene un jodido final? Fluye, fluye, blublublu…buena mierda –se lamenta LMB, arrepintiéndose de haberse dejado llevar por su loca amiga.

–Ay cielo, ¿no te lo pasas bien…? –por primera vez, LMA parece entristecerse. Tuerce el hocico y la mira fijamente.

LMB siente de repente algo parecido a la ternura al observar esos ojos tan abiertos interrogándola, las cejas levantadas. Recuerda que para LMA, el miedo es tan incomprensible como para ella lo es el fluir.

Decide callar y sentarse en la barca a buscar algo a lo que agarrarse y que le dé seguridad: un prejuicio, una duda, un bloqueo.

Fuera, el presente se repite a sí mismo, incierto y bamboleante.

28- Génesis.

Niña Ardilla no duerme la noche de reyes; atesora en su garganta un deseo: “que dure…”

Salta y se hace pis de la alegría cuando él vuelve de Salamanca cargado de cuentos, cada verano.

Chica Ardilla rebelde y curiosa; insomnio de primer beso en el parque. “Que dure…”

Mujer Ardilla que aprende a bailar cantando, que escribe al bailar, que canta escribiendo. Que ya no se juzga.

Cosquilla de árboles, humedad. Mujer arcoíris, caracol si llueve.

Dicen que se acuesta abrazada a sí misma, lamiendo su larga cola, y que a veces aún se despierta en mitad de la noche: “que dure..”

29- La Mujer Ardilla y las ganas.

LMA abre los ojos, se despereza, sale a la calle y derriba con sus ganas un panel de publicidad.

“Cuidado con tus expectativas”, le indica La Mujer Bola, al ver que va derramando con ellas los gin tónics de los cuñados, que destroza a ganas llenas los proyectos de ordenanza de la nueva alcaldía de Madrid, los no-te-me-vayas-a-enamorar.

LMB opina que eso no son ganas, sino ansiedad, como la de los perritos que ladran en los balcones.

LMA sonríe divertida.
Ella comparte ganas con su red de ardillas, de ratonas, de topitas, de lloronas, de tetas, de soles y árboles preciosos.

Ardillas resistencia, fuerza de lo blando, de lo transparente y poroso…expectativa sin complejos.

LMA – alivio de las abejas en extinción, de las perreras sucias– va dejando un reguero de ganas a su paso, cosa que suele provocar el vómito a los militantes de VOX y al cenizo del quinto; esa gente floja.

LMA sabe que permitirse tener ganas es vencer el miedo a una misma; el peor de todos.

30- La Mujer Ardilla pasa de todo.

LMA se abrió hace tiempo un perfil en una app de citas, pero le da bastante repelús y no le presta mucha atención:

10-6-2019
Lorenzo40: Hola.

11-6-2019
Lorenzo40: Hola.

12-6-2019
Lorenzo40: ¿Tú qué eres, de las que dan like y luego no hablan?

13-6-2019
Lorenzo40: Hola.

15-6-2019
Lorenzo40: ¿Tienes fotos de cuerpo entero?

17-6-2019
Lorenzo40: Yo no sé para qué estáis aquí si luego no escribís.

21-6-2019
Lorenzo40: ¿A qué te dedicas?

23-6-2019
Lorenzo40: Mira guapa, que te den.

25-6-2019
Lorenzo40: ¿Ponemos la cámara?

27-6-2019
LMB: ¿Se puede ser más puto pesao, carajo?

Jajajaja ¡Mujer Bola! te he dicho mil veces que no me cojas el móvil…

31- Rutinas.

La Mujer Bola y La Mujer Que Se Eleva se encuentran preparando el desayuno en la cocina cuando miran a la vez hacia la entrada; al igual que cada mañana, Duna está oliendo la puerta con desconfianza, y solo la atravesará cuando tenga la convicción de que es un lugar seguro.

Nushu, más atrevida, levanta el rabo, maúlla, gira sobre sí misma y entra. Exactamente la misma secuencia que ayer, la misma que la semana pasada.

–¿Ves, sabionda? Si las gatas tienen rutinas, ¿por qué no puedo tenerlas yo? –pregunta LMB.

–Bola, lo tuyo no son rutinas, son conductas evitativas y acomodaticias. –contesta LMQSE mientras pone la cafetera en el fuego.

–Pues a mí me encanta que la vida se repita a sí misma, oye; me da paz.

–Esta querencia por lo inamovible le resta libertad a tu existencia, diría incluso que la merma. Nuestro destino no es un lugar, es una nueva forma de ver las cosas.

–Ya está aquí La Mujer Sobre de Azúcar, la hemos jodido. Además, si soy tan libre, también lo seré para aburrirme, ¿no? –LMB coge una galleta de la despensa y se la mete entera en la boca.

–Bola, prejuzgas demasiado y adelantas acontecimientos, de modo y manera que, a tu entender, todo lo diferente o lo que está por llegar es peor que lo que ya conoces –exclama LMQSE, con esa elevación de nariz que tanto la caracteriza.

–Pues mira, no hay nada más fiable que mis prejuicios, qué quieres que te diga.

Mientras, Duna y Nushu se huelen entre ellas como si no se conocieran, como si cada mañana comenzara de nuevo la vida y sus convenciones.

32- Consejos de La Mujer Ardilla para tiempos difíciles.

Vayan preparándose las redes y los tapers amigos, las mantas de sofá. Será necesario hacer acopio de ganas, de latidos y de lamidos.

Será conveniente tener la curiosidad en forma y reservas de alegría a pesar de.

Pónganse en orden los besos, los abrazos y los suspiros de alivio. Frótense las manos para la caricia y el masaje, para el placer.

Toca macerar el ronroneo de las gatas, sus patitas amasadoras. Poner en remojo la piel de gallina e ir encargando una remesa de lágrimas, por si se secan.

Será aconsejable: amigar el amor, enamorarse de lo amigo, con un ojo mirar pa dentro, con la mano darse pomadita. Tocar mucho el género.

Ante la duda, dudar, y no temer mudar.

Fdo: LMA.

Pd: y no dar tantos consejos, carajo ya…😒

Fdo: LMB.

33- Verano.

En estos días calurosos, es más habitual encontrarla tumbada sobre las baldosas de la cocina que en el suelo del comedor.

Si le acaricias debajo de la barbilla, levanta el cuello hasta su límite, la respiración se le acelera y un breve sonido gutural da lugar a un fuerte ronroneo, al tiempo que estira las patas delanteras como queriendo alcanzar algo.

Tiene los ojos entornados y solo un leve movimiento de orejas nos recuerda que ella nunca deja de estar alerta aunque lo parezca.

Un pájaro se posa en la ventana y, como siempre, la curiosidad vence a la calma; se incorpora, tensa el cuerpo y lo mira fijamente, olfateando el aire.

Otro sonido llama entonces su atención; es el móvil.

Lo coge y escucha una voz familiar:

“Mujer Ardilla, en diez minutos estoy ahí. Y no te retrases, carajo.”

34- Fantasía erótica de La Mujer Bola.

Si cierra los ojos, la textura de ese cuerpo le recuerda por momentos la suavidad del plástico, la temperatura y firmeza de su mango.

Puede imaginar sin dificultad que la lengua que acaricia su clítoris es realmente la membrana succionadora del aparato, y el simple recuerdo de la silicona sobre su vulva le agita la respiración.

Si se concentra, llega incluso a recrear su sonido, ese prrr-prrr que sube o baja de intensidad cuando ella lo decide en cada momento, y la voz que susurra en su oído deja de ser voz para tornarse excitante repiqueteo mecánico.

El espejo que preside la pared de enfrente de la cama refleja dos cuerpos en movimiento, pero ella fantasea y se imagina sola con él, la batería en su máximo nivel de carga, esa luz de entregada intermitencia. Sus pulsaciones se aceleran, siente cómo la sangre se concentra de repente entre sus piernas y…

–Mujer Bola, ¿ya…?
–Sí carajo, qué pasa.

35- La Mujer Ardilla y los espejos.

Lugo tiene el casco antiguo ideal para una ardilla: cuestas, callejuelas estrechas y una muralla transitable que rodea gran parte de la ciudad.

En su caminar enérgico, LMA se va encontrando espejos, escaparates, lunas. Se detiene delante de ellos y escucha a su reflejo a través del cristal: “Hola, Ardilla!”

Ella mueve la cola y sigue callejeando.

Al cabo de unas horas, pasa por delante de uno, mira su imagen fijamente y escucha la pregunta que lleva todo el día esperando: “¿Y tú quién eres?”

Siente cómo se le hinchan los pulmones, sonríe, mira alrededor y lo comprueba: por fin, ha conseguido perderse.

36- La Mujer Bola tiene una pesadilla.

Son las cuatro de la madrugada. LMB se retuerce inquieta en la cama, sudando y con el corazón acelerado; en su sueño, el más terrible desde que tiene memoria, queda con toda la gente con la que tiene pendiente un café.

Al principio intenta poner alguna excusa –“tengo que esperar a que se acabe el gas” o “tengo que controlar que no se estropee la tele, y me puede llevar horas”– pero, finalmente, todas esas citas se hacen realidad, una detrás de otra.

Las cinco primeras, va contando su vida siguiendo un esquema predeterminado: trabajo (sí, sigue de comisión) piso (continúa en el mismo, con dos gatas) situación sentimental (buf…).

A partir del sexto café, su relato empieza a perder toda coherencia y acaba explicando que vive en una comisión buf, que tiene una relación con un cuarto sin ascensor muy fresco en verano, y que trabaja con dos gatas pero qué te voy a contar del amor.

Afortunadamente, la saca del sueño el sonido del móvil, que había olvidado silenciar.

Lo coge y, a pesar de la presbicia, puede alcanzar a leer: “Tía, ¿cómo te va todo? Tenemos que quedar, pero ya.”

37- La Mujer Ardilla, La Mujer Bola y La Mujer Que Se Eleva no están confundidas.

–Bola, te veo pensativa…–LMQSE mira con preocupación a su amiga.

–Ay, hoy me han dicho que mi orientación sexual es indefinida…¿tendrán razón, carajo…? – exclama LMB.

–Indefinido es el color de las nubes en un temprano atardecer, el límite borroso de su contorno…qué sé yo. –puntualiza LMQSE, como flotando– Tú eres bisexual, querida, y yo me miraría esa bifobia interiorizada, que no hace sino apuntalar la…

–Vale…deja ya de chorrearme, pesada. Hostia ya. –LMB se sacude las palabras de su amiga como si fueran polvo– ¿Y tú qué opinas de todo esto, Ardilla?

–¿Yo? Jiji, que nos definamos unas bravas.

38- Décima de las tres mujeres.

La Mujer Bola se ovilla,
se desespera y se enfada
se siente, en fin, atrapada
cual rata de alcantarilla

Al ver La Mujer Ardilla
a su amiga de esta guisa
la intenta animar y avisa
a La Mujer Que Se Eleva
ojalá ésta se conmueva
y le saque una sonrisa.

39- La Mujer Ardilla va al centro de salud.

–Doctora, me ha salido un vínculo en la axila.

–Querrá decir un forúnculo.

–No, un vínculo, mírelo; con sus hábitos, sus expectativas…

–Uhmm, ya veo…¿y desde cuándo lo tiene?

–Pues desde hace unos meses; empecé a sentir un leve picor con los mensajes diarios, creció bastante cuando llegaron los emoticonos-corazón y mire, varios orgasmos después, se ha hecho enorme.

–¿Le duele?

–Al principio no dolía nada, daba incluso gustirrinín, pero ahora me roza con todo y veo las estrellas.

–Voy a pedirle unos análisis, a ver si salen intolerancias.

–¿Intolerancias?

–Sí: al desapego, al fluir, al “no te me vayas a enamorar…”

Y la próxima vez, tome usted precauciones. Si es que van por la vida teniendo prácticas afectivas de riesgo, así a pelo, y claro.

–Ya, pero…

–¡¡Claudia Gutiérrez!!

40-Con B de Bartleby.

La Mujer Que Se Eleva y La Mujer Bola observan el paisaje desde la ventana.

LMQSE: Querida Bola, ¿no te parece un día maravilloso para coger nuestras vidas y, sin dejar de sonreír, hacerlas trizas para volver a construirlas, renovadas y mejores?

LMB: Preferiría no hacerlo.

LMQSE: Es más, tomemos eso que parece ser nuestra identidad y tornémosla blandura, gas, vapor de agua…no seamos nadie, liberémonos del yo construido y falaz.

LMB: Preferiría no hacerlo.

LMQSE: En fin, salgamos al menos a tomar un café.