El concurso

Hoy es una mañana especial; desayuno sin prisas, arreglo un poco la casa y preparo mi mesa de trabajo: cuaderno nuevo, infusión, las ventanas abiertas, un poco de música clásica para ambientar… abro un documento en el ordenador y lo llamo “Relato concurso”.

Es la primera vez que voy a presentarme a algo así; lo convoca la Concejalía de igualdad del Ayuntamiento de Villanogales bajo la rúbrica “Relatos para el 8 de marzo” y el premio son 400€. Me siento ilusionada: tantos años de activismo feminista y es la primera vez que voy a escribir sobre el tema…allá voy:

“Rosa se levanta sin ganas; no entiende por qué tiene que recoger la mesa mientras sus hermanos se quedan sentados. En la cocina, deberá dejar en remojo los platos y más tarde, antes de ir a dormir, dejarlos limpios mientras todos ven el partido de fútbol…” 

No…antes de seguir con el relato voy a investigar un poco sobre Villanogales: municipio de 17.000 habitantes cuya economía se sustenta en el sector primario y la comercialización de productos locales, 23º de media anual,  gobernado actualmente por el Partido Popular. Una única mujer entre los concejales, que resulta ser la titular de “Mujer y Familia” y que a su vez es quien convoca el concurso para el que estoy escribiendo. Me habían dicho que era de “igualdad”, pero intento no hacer caso de este detalle.

Sigo:

“Rosa vive en un pueblo tranquilo; de mayor quiere ser ingeniera pero en su casa no lo aprueban y prefieren que estudie magisterio infantil…

Me bloqueo; la música clásica añade dramatismo a esta especie de Cenicienta que me está saliendo y decido apagarla. Seguiré leyendo las bases del concurso, a ver si me inspiro.

Por lo visto, el jurado estará compuesto por el Excelentísimo Sr. Alcalde, el secretario del Ayuntamiento, la concejala de “Mujer y Familia” y un reputado escritor. Me levanto bruscamente y decido preparar otra infusión; no, mejor un café. Habrá que ver al reputado escritor, hombre por supuesto: me parece mentira que un premio así sea tan contradictorio, tanta concejalía y tanta igualdad de pacotilla. Así nos va.

Cojo un trozo de chocolate, vuelvo a la mesa enfadada y sigo escribiendo:

“Rosa termina de recoger los platos y se va a su habitación; cierra el pestillo, se tumba en la cama y empieza a llorar”…qué coño, no llora: “cierra el pestillo, se tumba en la cama…y abre las piernas. Busca en la tablet una página de porno lésbico y se relaja mientras empieza a sentir cómo el sexo se le humedece…” Paro en seco y respiro hondo. Lo borro todo e intento centrarme. Pongo en Google el nombre de la concejala buscando alivio en la sororidad, pero lo que encuentro me desasosiega aún más: esta señora es también presidenta de la asociación de amas de casa de Villanogales y conocida componente del Opus Dei. Miro con desánimo la pantalla del ordenador. Pienso por un instante en abandonar el dichoso concurso, pero para mi asombro empiezo sentir un pinchazo de placer en el estómago; una leve sonrisa se instala en mi rostro, los dedos teclean solos…“Rosa descubre el manifiesto SCUM y lidera una asociación transfeminista en la Universidad. Se manifiesta contra el acoso callejero, hace performances sangrientas delante del Arzobispado y allí conoce a la que será su novia poliamorosa durante tres años: una chica trans veinte años mayor que ella”. Me da la risa floja, hago una foto del último párrafo y se la envío a H. por whatsapp. Ella me contesta con varias caritas de demonio, un puño cerrado y la que llora de risa.

Imaginar la cara de la concejala me hace gracia, pero sigo intrigada con ese reputado escritor que formará parte del jurado…¿será el cronista del pueblo? ¿El último ganador de un concurso de poesía? Busco imágenes de las pasadas ediciones del concurso y mis ojos se abren como platos: no puede ser…ese señor me suena…quien está entregando el premio a la ganadora de 2017 es …¡Arturo Pérez Reverte! Leo el pie de foto: “Hijo predilecto de Villanogales y vecino ilustre”. A estas alturas ya he puesto el manos libres con H. y escribo mientras leo en voz alta:

“Rosa se compra el Coño Potens y se apunta a un taller de eyaculación femenina, donde conoce a Sara, trabajadora sexual empoderada con la que quedará para insultar a las abolicionistas a través de las redes sociales.” Ay, espera: “ A partir de este momento formará los finales  de las palabras con ‘e’ y se reirá de los señores galantes que le quieran ceder el paso en las puertas, llamándolos cuñáos y machunos.”

– Jajajajaja…Sonia, ¿qué te pasa…?

– Ay…nada.

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