El placer de des-nudarse

Lo intentó saboreando el café con leche caliente, la compota dulce y suave. Miró el juego de reflejos del sol sobre el lomo de la gata. Concentró la vista en la montaña, el verde intenso. Probó incluso con el canto de los pájaros, con la música…

Volvió a la cama con desánimo. De camino cogió un libro y leyó el relato Biografía de una mosca, de Millás.

Lo estaba acabando cuando el sol empezó a iluminar sus pies, que parecieron cobrar vida; sonrió. Se levantó y miró largamente su imagen en el espejo, el corazón bombeando. Dio tres vueltas por el pasillo, se estiró. Acarició a las gatas. Lloró larga y suavemente. Por fin, el nudo se había deshecho.

 

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