Iván, en tres textos

I. Sí está escrito.

Tengo un alumno diagnosticado como asperger.

El otro día se le acabó la tinta del boli negro que utiliza para tomar apuntes, pero por lo visto continuó escribiendo igual.

Al acabar la clase me llamó y señaló una hoja en blanco:

– Profe, no sé lo que pone aquí.

-¿Dónde? ahí no hay nada escrito.

Me miró fijamente.

– Sí está escrito, pero no se ve.

Fui a buscar un bolígrafo, tenía que ser negro. Me senté a su lado.

– Vale, ¿te digo la última parte y la escribes otra vez?

– Antes tengo que borrar.

Se concentró y, con calma, borró el folio en blanco; yo miraba entretenida las virutas de goma que caían.

Entonces, empezó a escribir.

 

II- La visita.

El pájaro entra en la cantina del instituto y se posa frente a mí en la mesa reservada a profesores; pliega sus alas y, todavía inquieto, me mira fijamente. El resto calla por un momento, cesa el griterío adolescente y el chasquido de bolsas.

Yo le observo con curiosidad mientras termino mi café, intentando no hacer ruido para no espantarlo. Al rato nos sonreímos; él se sacude levemente, deja un bifrutas tropical vació en la mesa y echa a volar.

– Hasta luego, Iván.

– Hasta luego no, hasta el lunes. Sigue leyendo

Sonja en Groenlandia IV: La caja

Hoy me he despertado en casa de Kunuk; vine ayer buscando compañía después de varios días inquieta, me suelo poner así cuando se acerca el día.

El viejo pescador me hace sentir cómoda porque no pregunta, nunca sé si por falta de curiosidad o por respeto. El caso es que ya ha llegado el momento y, como siempre, siento algo parecido a un hueco en el estómago.

Decido no prolongar la incertidumbre, así que salgo de la casa y empiezo a subir la cuesta. Al llegar al llano, cojo el sendero de la derecha, camino en linea recta durante diez minutos y me detengo delante de la roca grande. Cuento tres árboles a la izquierda y al llegar al tercero me agacho. De rodillas, escarbo en la nieve hundiendo los brazos hasta los codos; las manos me duelen del frío.

No recordaba haberla enterrado tan hondo, pero ha nevado mucho desde la última vez. Por fin mis dedos tocan algo metálico, respiro aliviada; está en su sitio.

La saco con cuidado. Es azul oscuro, redonda, y tiene un castillo dibujado en la tapa con unas letras blancas: “Surtido de Galletas”.

La abro y encuentro como siempre una hoja de papel cuadriculado doblada varias veces y una galleta; esta vez ha metido la que tiene forma de corazón con granos gruesos de azúcar adheridos. Sonrío.

Escucho voces cerca, deben de ser senderistas.

Guardo la galleta y la hoja en mi bolsillo, introduzco en la caja el folio escrito por mí y la entierro de nuevo. Coloco ramas y hojas encima, que en pocas horas estarán completamente tapadas por la nieve. Memorizo los árboles y las rocas de alrededor para recordar el camino.

Corro a la cabaña de Kunuk, entro y cierro la puerta; no hay nadie. Abro con nerviosismo la nota, doblada en cuatro pliegues.

Reconozco enseguida lo que fue mi letra en sus orígenes: las eses queriendo ser erres, los puntos de las íes corridos, las mayúsculas intercaladas sin sentido.

“QuiEro escribir un cuenTo. Me abuRro”.

A continuación, un dibujo de Betsy May y la palabra “jengibrE” escrita cuatro veces, en diferentes direcciones. Al final, su firma: SoNia.

Vuelvo a doblar la hoja, todavía nerviosa. Espero que mi carta también le haya gustado; yo le he pedido, como siempre, que siga escribiendo historias y sobre todo que no las tire a la basura. Le revelo también, para animarla, que al final de los pasillos oscuros nunca hay nadie, que los bollos de jengibre existen y que están tan buenos como ella se imagina.

Al final le propongo una fecha para el próximo intercambio. Ojalá le apetezca.

Muerdo la galleta y siento un escalofrío. Me acurruco en la alfombra y me quedo dormida. Creo que escucho a Kunuk entrar despacio.

Santa Juana Miccionante

La voz de la profesora se escucha con nitidez a pesar del arpa que suena de fondo, monótona e insistente: “Cruzamos las piernas, elevamos el brazo derecho, doblamos el codo e intentamos agarrar la otra mano con la izquierda por la espalda- así, chicas, sin miedo- levantamos la barbilla y vamos doblando la cabeza hacia atrás hasta mirar el techo. Respiramos hondo y aguantamos ahí diez segundos…”

-Psss…¿has visto? Hay humedades; por ahí fijo que se filtra el agua.

-Tres, cuatro, cinco…-intento concentrarme-.

-Pues con lo que pagamos ya podrían arreglarlo, ya ves. El año pasado ya lo dijimos y nada.

-Ocho, nueve…diez.

Deshago como puedo el nudo en el que se han convertido mis piernas, bajo los brazos y vuelvo a la postura de descanso. Me duele todo el cuerpo, el olor a incienso me marea y lo último que esperaba en mi primera clase de yoga era tener al lado a una habladora incontinente.

La profesora da por finalizada la clase. Todas dicen “namasté” al unísono y salimos en tropel hacia el vestuario.

Observo alarmada que mi vecina de esterilla ha hecho presa conmigo:

-Soy Juani, no te había visto por aquí. ¿Eres del barrio?

– Sí- contesto secamente-.

Veo pasar por mi cabeza los cuarenta euros del curso, el tiempo valioso que le estoy quitando al trabajo y el momento en el que pensé que esta hora de relax sería la solución a todos mis problemas. A todos.

– Chica, ya verás cómo te mola esto. Sientes una paz interior flipante, no sé, como si te unieras a una energía cósmica que está por encima de nosotras…

Juani respira hondo, alza los brazos lentamente, con solemnidad, y mis ojos siguen mecánicamente su recorrido. Al instante me siento ridícula y empiezo a sacar mi ropa de la bolsa; quiero salir cuanto antes de esta conversación.

No han transcurrido ni cinco segundos cuando levanto la cabeza y observo con extrañeza que Juani ya no está y no queda nadie en el vestuario. Termino de cambiarme y salgo del local; está anocheciendo.

Estoy a punto de acostarme cuando recibo un mensaje de un número desconocido: “Mañana a las 10h en el Tertulia. Namasté. S.J”.

Un escalofrío me recorre la columna…¿S.J? El Tertulia es el bar donde suelo desayunar casi todas las mañanas, pero no sé quién se está citando conmigo.“Namasté”…

Mi mente empieza a buscar explicaciones lógicas: esa tal Juani ha conseguido mi teléfono del centro de yoga- ya les diré mañana…- y según su extraño criterio considera que somos amigas.

Me duermo con el firme propósito de olvidar ese mensaje y la cita que me propone, pero la curiosidad puede conmigo y al levantarme decido acudir. Llego al Tertulia cinco minutos tarde y desde fuera ya puedo distinguir su figura.

Con ropa de calle, Juani resulta todavía más inquietante: suéter de leopardo ceñido, escote pronunciado, el pelo rubio platino recogido en un moño alto, las gafas de sol puestas a pesar de la penumbra…parece la versión oronda de Kim Novack.

-Ay cielo, ya creía que no venías. Juntemos nuestras manos y respiremos juntas; hay un montón de cosas que celebrar.

-¿Celebrar…? Empiezo a alarmarme.

– Mira, reina, ya sé que te parece todo muy raro, pero tengo que contarte algo muy importante: ayer cuando llegué a casa hice una micción sagrada y en el líquido elemento pude observar tu rostro. Es una señal.

Se acaba de quitar las gafas y me mira misteriosamente. ¿Micción sagrada…? instintivamente miro mi manzanilla y decido no tomármela.

– Mira, Juani…

– Sonia, creo que eres una elegida. Hacía doscientos dieciséis años que no tenía una santa micción con imagen humana revelada.

Miro alrededor, me fijo en la gente, quizás esto sea una cámara oculta y mis amigas estén compinchadas…

Juani sigue:

-Te voy a confesar mi verdadera identidad: soy Santa Juana.

Se me escapa una risa nerviosa, miro a la chica de la mesa de al lado como pidiendo socorro pero nadie en este bar parece vernos.

– Santa Juana…¿de Arco? ¿de la Cruz?

Paso directamente a la carcajada pero dejo de reír en seco al observar la siguiente escena: Juani, o quien quiera que sea esta persona, se ha puesto en cuclillas y, con los ojos cerrados, ha empezado a orinar en el suelo. Parece que reza una oración y mueve los brazos como un pulpo enloquecido.

– Sí, soy Santa Juana y he recuperado mis poderes. Durante siglos he soportado el culto a San Juan, las hogueras, los baños nocturnos…pura superchería. Miles de incautos invocando a ese santo aburrido y patriarcal hasta decir basta.

Reconócelo: tienes ganas de orinar ahora mismo.

-Yo siempre tengo ganas…bebo mucha agua, infusiones…

Miro aterrorizada alrededor…nadie parece fijarse en el charco que esta mujer ha dejado en el suelo; es más, nadie parece verla.

– ¡Micciona, Sonia, deja salir toda esa ira, que no es sino el mal del mundo todo! Inunda los mares, riega el campo yermo con tu savia de mujer dadora de vida…¡nútrenos con tu elixir de diosa!

Nunca he congeniado mucho con los esencialismos femeninos de fluir esotérico, pero esto lo sobrepasa todo; me levanto y salgo del bar con prisa. Desde la puerta, Juani insiste, su falda todavía por encima de los muslos:

– ¡Veo tu luz! ¡¡Se desbordarán las presas, los glaciares caerán derretidos por tu torrente de mujer-océano!! ¡oh, cuerpa derretida…!

Camino hacia mi casa deprisa y sin mirar atrás. Ciertamente tengo ganas de ir al baño, pero sobre todo necesito olvidar este encuentro cuanto antes.

Los escasos metros que separan el bar de mi casa se me hacen eternos; de hecho, descubro con espanto que voy dando vueltas en bucle a la manzana sin que la puerta de mi casa aparezca en ningún momento. Siento un mareo repentino yno sé cuánto tiempo transcurrehasta que extrañamenteempiezo a sentirme mucho más despejada y ligera que antes.

Sigo caminando, envuelta en un aura nueva y poderosa. Escucho una voz masculina: “¡eh, pelirroja, ¿estás sola?!”.

Me detengo, miro profundamente al sujeto en cuestión,le señalo con el dedo índice y escucho cómo caeal suelo fulminado.

En mi trayecto hacia ningún lugar me da tiempo a derribar a tres mirones de niñas, a un novio celoso y a los componentes de una despedida de soltero que anda molestando a una mesa de turistas. Me siento cada vez más fuerte y sigo patrullando la zona de Mossen Sorell sin piedad.

Me tropiezo de repente con mi profesora de yoga; de manera atropellada le explico mi nueva condición de semi-diosa justiciera y mis recientes hazañas para combatir el machismo del barrio. Mira hacia atrás y señala a la despedida de soltero, cuyos miembros sorprendentemente siguen en pie a pesar de mis…¿super poderes?

– Tú has hablado con Juani, ¿verdad? Ajá…por eso me pidió tu teléfono. Qué mujer…me dijo que te quería devolver algo.

Parece que intenta aguantarse la risa pero está claro que le cuesta. Sigue hablando, con dificutad:

– Te tenía que haber avisado…ella es así. La queremos mucho a pesar de esa cabeza fantasiosa que tiene, no le hagas mucho caso. Ahora tengo un poco de prisa…¡te veo el miércoles en clase!

Miro al frente confusa y por fin parece que diviso la puerta de mi casa; me dirijo lentamente hacia allá y por el camino me cruzo con dos de los mirones que creía haber derribado hace diez minutos. Llego al portal, subo las escaleras todavía aturdida y me doy cuenta de que no he ido al baño en todo este rato.

Descargo por fin mi vejiga; de manera instintiva miro en el fondo y no, no tengo ninguna visión, pero la verdad es que me sigo sintiendo estupendamente; ligera, fuerte, mucho más segura de mí que cuando salí de casa esta mañana.

De repente, levanto la cabeza y en el espejo del lavabo veo escrito “namasté”.

Me miro y observo que mi imagen empieza a fundirse con otro rostro: gafas de sol, moño rubio platino…

Sonrío: “namasté, Santa.”

 

 

 

 

 

 

 

 

Instrucciones para ser profe de FP Básica

Programa el curso de manera exhaustiva, intentando ser estricta con la coherencia de los contenidos y la adecuación al nivel. Imprime la programación para ir marcando los objetivos cumplidos y dirígete a conocer al grupo de los lunes.

Entra en el aula y sonríe, mostrándote cercana y firme a la vez. Aparta a ese chico alto de la persiana para que no se cuelgue de la cinta y explícale que el reggeton mejor en el descanso.

Recuerda con cariño los motivos que te llevaron a ser profesora, especialmente la función social de la educación.

Separa a los gemelos que se estiran mutuamente de la goma del pantalón y explica que tu asignatura les ayudará a ser trabajadores conscientes de sus derechos. Explica el significado de “consciente”. Recuerda la tasa de paro juvenil y no insistas mucho con lo de “trabajadores”.

Mira de reojo tu horario, marca en rojo el lunes.

Vuelve a tu programación guardada, cambia los objetivos intentando ser más realista. Imprime esta segunda versión.

Introduce alimentos alcalinizantes en tu dieta y compra un tarro de ginseng rojo coreano.

Prepara un debate sobre la situación laboral de lxs jóvenes en España. Forma un círculo y ofrece a Fran que modere. A la altura de su segundo eructo dile a Pablo que le sustituya y cuenta hasta diez. Coloca a Fran al lado de la persiana y deja que escuche “Despacito”.

Recuerda la reunión en la que votaste en contra de los partes disciplinarios como medida correctora y hazte fuerte. No mires el reloj.

Cuenta los lunes que tiene el curso y crea un sistema de autorecompensas para sobrellevar el trance: para comer, pollo asado; para cenar un bollet a la lloseta, típico de la Vila. Todos los lunes.

Anota en la pizarra las veces que Fran dice la palabra “mierda” y compara el resultado final con el de la semana pasada. Coméntalo con él y valorad juntos el efecto de la marihuana sobre el léxico y la incontinencia verbal. Explica el significado de “incontinencia”.

Dale la vuelta a las dos programaciones impresas y reutiliza el papel. Tira al contenedor azul las páginas escritas a dos caras.

Aumenta la dosis de ginseng.

Intenta enamorarte de ti misma varias veces al día y cuelga en la puerta de la nevera la última lista publicada de consejos para ser feliz.

Encomiéndate a Paulo Freire y busca actividades educativas y motivadoras.

Prepara una actividad sobre el salario, con un texto accesible y fichas para trabajar por parejas.

Cuando las parejas empiecen a atacarse con el bolígrafo cambia la disposición de la clase y forma un semicírculo. El estruendo de las mesas arrastrándose por el suelo te hará llorar, pero tú respira y piensa en el bollet a la lloseta.

Introduce en clase el tema de la brecha salarial y respira hondo. No pienses “a mí quién me manda”, quítate las gafas violetas y guárdalas en la funda. Lanza la funda por la ventana.

Si pensar en el bollet no es suficiente, visualiza tu terraza con vistas al mar. Que no te importe estar a 150 km de tu casa y tener que pagar dos alquileres. Recuerda el sexto consejo para ser feliz e intenta fluir. Recuerda a las personas que conoces que suelen fluir y cambia de idea.

Aprovecha la energía residual del ginseng para hacer más ejercicio e incluye abdominales hipopresivos que reduzcan la barriga creada por el pollo y el bollet.

Haz un blog y escribe mucho, mucho.

 

Sonja en Groenlandia III: Soñita’s House

¡Ya la tengo! ven y te la enseño, tiene que ser ahora; después quedará sepultada por la nieve y ya no podrás verla.

Mira, aquí he puesto la entrada, cuidado con la maceta. A la derecha el comedor, que tiene dos puertas, como el de la abuela. Entra pero no me pises la pinocha, que son los tabiques. Ahora seguimos hacia las habitaciones, he hecho tres. Al fondo la cocina; al fondo…¿no ves el cuenco de comida? No, no es barro, es comida.

Dice Eva Illouz que la psique sólo avanza a partir de su pasado; que el alma era otra cosa, podía partir de cero: pum… te iluminabas y pasabas al otro lado.

Así que aquí estoy, toda psique en medio de este blanco inmenso, intentando recordar cómo se hacía una casa, porque yo supe hacer casas, tú lo sabes: admirabas pacientemente todas mis construcciones en la pinada hasta que otro asunto me llamaba la atención y no dudaba en destrozar mi propio hogar con la bicicleta: paredes de pinocha, el barro y la maceta volando, hechos trizas.

Kunuk me ha enseñado que aquí en Ilulissat soy ficción: en este lugar puedo ser otra vez la niña que aprieta los puños nerviosa mientras te lee una redacción, la que te persigue por el pasillo para que le traduzcas una canción de Cohen.

Mis maletas, mis armarios, mis cuadernos, las casas que construí con pinocha o con enciclopedias, todo lo que no he dicho y todo lo que he querido ser. Todo esto, aquí, es ficción.

Puedo ir y volver, hacer arqueología o inventar, mentir, bailar, probarme todas las vidas, todas las edades. Cantar contigo Oh, when the saints a dos voces, una vez más, o escucharte tocar ese piano que ibas a aprender cuando te jubilaras.

Esto somos: material ficcionable, elástico y vivo, preparado para la emulsión, para ser salsa o plato principal, algodón o vídrio, nieve. Amor, siempre.

Así que ponte cómodo y sigue sonriendo: mira, voy a hacer solo dos habitaciones, la cocina la pegaremos al comedor; pon ahí el cuenco y voy preparando el barro, que es la hora de cenar y por ahora no nieva.

 

Llorona

                                                                                  A Eva.

No sé si llamar fe a lo que tienes tú con las palabras.
Diría más bien que amas lo que no nos han dejado decir;
ese tesoro que ahora buscas
llorando de dicha a ojos llenos.
Tú, llorona, que me limpias la vida.

Haría un inventario con nuestros hallazgos:

Pensar juntas en crudo, sin frituras ni condimentos.
Imaginar precioso y hacer fuerza para que suceda
mientras lanzamos huesos de aceituna por la boca.

Poner tantas bombas en nuestras vidas
y contemplar juntas la detonación
fascinadas por el espectáculo.

Contarnos después los miles de fragmentos ocurridos
los colores y texturas, cada roce,
las heridas.

Manosear lo precario
hasta ablandar su nombre, dices.
Reír lo viejo
bailar los márgenes
acariciar lo inservible
acoger lo despreciado con tanto amor.

Y llueven tus ojos mientras nos convocas
al fuego de la letra, al doble salto.
A esa vida que, llorando, creas.

El concurso

Hoy es una mañana especial; desayuno sin prisas, arreglo un poco la casa y preparo mi mesa de trabajo: cuaderno nuevo, infusión, las ventanas abiertas, un poco de música clásica para ambientar… abro un documento en el ordenador y lo llamo “Relato concurso”.

Es la primera vez que voy a presentarme a algo así; lo convoca la Concejalía de igualdad del Ayuntamiento de Villanogales bajo la rúbrica “Relatos para el 8 de marzo” y el premio son 400€. Me siento ilusionada: tantos años de activismo feminista y es la primera vez que voy a escribir sobre el tema…allá voy:

“Rosa se levanta sin ganas; no entiende por qué tiene que recoger la mesa mientras sus hermanos se quedan sentados. En la cocina, deberá dejar en remojo los platos y más tarde, antes de ir a dormir, dejarlos limpios mientras todos ven el partido de fútbol…” 

No…antes de seguir con el relato voy a investigar un poco sobre Villanogales: municipio de 17.000 habitantes cuya economía se sustenta en el sector primario y la comercialización de productos locales, 23º de media anual,  gobernado actualmente por el Partido Popular. Una única mujer entre los concejales, que resulta ser la titular de “Mujer y Familia” y que a su vez es quien convoca el concurso para el que estoy escribiendo. Me habían dicho que era de “igualdad”, pero intento no hacer caso de este detalle.

Sigo:

“Rosa vive en un pueblo tranquilo; de mayor quiere ser ingeniera pero en su casa no lo aprueban y prefieren que estudie magisterio infantil…

Me bloqueo; la música clásica añade dramatismo a esta especie de Cenicienta que me está saliendo y decido apagarla. Seguiré leyendo las bases del concurso, a ver si me inspiro.

Por lo visto, el jurado estará compuesto por el Excelentísimo Sr. Alcalde, el secretario del Ayuntamiento, la concejala de “Mujer y Familia” y un reputado escritor. Me levanto bruscamente y decido preparar otra infusión; no, mejor un café. Habrá que ver al reputado escritor, hombre por supuesto: me parece mentira que un premio así sea tan contradictorio, tanta concejalía y tanta igualdad de pacotilla. Así nos va.

Cojo un trozo de chocolate, vuelvo a la mesa enfadada y sigo escribiendo:

“Rosa termina de recoger los platos y se va a su habitación; cierra el pestillo, se tumba en la cama y empieza a llorar”…qué coño, no llora: “cierra el pestillo, se tumba en la cama…y abre las piernas. Busca en la tablet una página de porno lésbico y se relaja mientras empieza a sentir cómo el sexo se le humedece…” Paro en seco y respiro hondo. Lo borro todo e intento centrarme. Pongo en Google el nombre de la concejala buscando alivio en la sororidad, pero lo que encuentro me desasosiega aún más: esta señora es también presidenta de la asociación de amas de casa de Villanogales y conocida componente del Opus Dei. Miro con desánimo la pantalla del ordenador. Pienso por un instante en abandonar el dichoso concurso, pero para mi asombro empiezo sentir un pinchazo de placer en el estómago; una leve sonrisa se instala en mi rostro, los dedos teclean solos…“Rosa descubre el manifiesto SCUM y lidera una asociación transfeminista en la Universidad. Se manifiesta contra el acoso callejero, hace performances sangrientas delante del Arzobispado y allí conoce a la que será su novia poliamorosa durante tres años: una chica trans veinte años mayor que ella”. Me da la risa floja, hago una foto del último párrafo y se la envío a H. por whatsapp. Ella me contesta con varias caritas de demonio, un puño cerrado y la que llora de risa.

Imaginar la cara de la concejala me hace gracia, pero sigo intrigada con ese reputado escritor que formará parte del jurado…¿será el cronista del pueblo? ¿El último ganador de un concurso de poesía? Busco imágenes de las pasadas ediciones del concurso y mis ojos se abren como platos: no puede ser…ese señor me suena…quien está entregando el premio a la ganadora de 2017 es …¡Arturo Pérez Reverte! Leo el pie de foto: “Hijo predilecto de Villanogales y vecino ilustre”. A estas alturas ya he puesto el manos libres con H. y escribo mientras leo en voz alta:

“Rosa se compra el Coño Potens y se apunta a un taller de eyaculación femenina, donde conoce a Sara, trabajadora sexual empoderada con la que quedará para insultar a las abolicionistas a través de las redes sociales.” Ay, espera: “ A partir de este momento formará los finales  de las palabras con ‘e’ y se reirá de los señores galantes que le quieran ceder el paso en las puertas, llamándolos cuñáos y machunos.”

– Jajajajaja…Sonia, ¿qué te pasa…?

– Ay…nada.